segunda-feira, 26 de julho de 2010
HIGUERAS
Tive sempre tendência para conviver com gente das artes. São pessoas diferentes, não tenho outra qualificação para elas. Mas não sei bem dizer em que é que são diferentes e correria grave risco de estupidez em defini-las.
Talvez porque essas pessoas me transportam a mundos mais bonitos que o da minha profissão? Talvez porque…têm um discurso diferente do habitual?
Tive o privilégio de conviver com a figura excepcional de Cruzeiro Seixas. Cruzei a minha vida com Maurice Béjart, Patrick Belda, Duska Sifnios, Laura Proença, Tania Bari, Vittorio Biaggi, Germinal Casado, Paolo Bortuluzzi, bailarinos de Béjart.
Conheci e convivi com o pintor Vitor Belém e os escultores Mário Seixas e Aida Sousa Dias. Mais recentemente, conheci Etona, o pintor angolano que enfeitiça pelas suas obras.
Há dias cruzei o meu caminho com Higueras, José Higueras e sua mulher Higorca, catalã, poetisa, mulher de arte. E fico sem ar. Ao buscar jornalisticamente mais dados sobre as pessoas, encontro-me com seres superiores cujos nomes pouco mais são do que referências pouco mais servem do que para orientar. Falar com essas pessoas, ter o privilégio de as ombrear, a liberdade de trocar ideias com elas, é algo bem mais acima do trivial.
É entrar noutro mundo.
sábado, 24 de julho de 2010
Obesidade Mental
O prof. Andrew Oitke publicou o seu polémico livro «Mental Obesity», que revolucionou os campos da educação, jornalismo e relações sociais em geral.
Nessa obra, o catedrático de Antropologia em Harvard introduziu o conceito em epígrafe para descrever o que considerava o pior problema da sociedade moderna.
«Há apenas algumas décadas, a Humanidade tomou consciência dos perigos do excesso de gordura física por uma alimentação desregrada. Está na altura de se notar que os nossos abusos no campo da informação e conhecimento estão a criar problemas tão ou mais sérios que esses.»
Segundo o autor, «a nossa sociedade está mais atafulhada de preconceitos que de proteínas, mais intoxicada de lugares-comuns que de hidratos de carbono.
As pessoas viciaram-se em estereótipos, juízos apressados, pensamentos tacanhos, condenações precipitadas.
Todos têm opinião sobre tudo, mas não conhecem nada..
Os cozinheiros desta magna "fast food" intelectual são os jornalistas e comentadores, os editores da informação e filósofos, os romancistas e realizadores de cinema.
Os telejornais e telenovelas são os hamburgers do espírito, as revistas e romances são os donuts da imaginação.»
O problema central está na família e na escola.
«Qualquer pai responsável sabe que os seus filhos ficarão doentes se comerem apenas doces e chocolate.
Não se entende, então, como é que tantos educadores aceitam que a dieta mental das crianças seja composta por desenhos animados, videojogos e telenovelas.
Com uma «alimentação intelectual» tão carregada de adrenalina, romance, violência e emoção, é normal que esses jovens nunca consigam depois uma vida saudável e equilibrada.»
Um dos capítulos mais polémicos e contundentes da obra, intitulado "Os Abutres", afirma:
«O jornalista alimenta-se hoje quase exclusivamente de cadáveres de reputações, de detritos de escândalos, de restos mortais das realizações humanas.
A imprensa deixou há muito de informar, para apenas seduzir, agredir e manipular.»
O texto descreve como os repórteres se desinteressam da realidade
fervilhante, para se centrarem apenas no lado polémico e chocante.
«Só a parte morta e apodrecida da realidade é que chega aos jornais.»
Outros casos referidos criaram uma celeuma que perdura.
«O conhecimento das pessoas aumentou, mas é feito de banalidades.
Todos sabem que Kennedy foi assassinado, mas não sabem quem foi Kennedy.
Todos dizem que a Capela Sistina tem tecto, mas ninguém suspeita para que é que ela serve.
Todos acham que Saddam é mau e Mandela é bom, mas nem desconfiam porquê.
Todos conhecem que Pitágoras tem um teorema, mas ignoram o que é um cateto».
As conclusões do tratado, já clássico, são arrasadoras.
«Não admira que, no meio da prosperidade e abundância, as grandes realizações do espírito humano estejam em decadência.
A família é contestada, a tradição esquecida, a religião abandonada, a cultura banalizou-se, o folclore entrou em queda, a arte é fútil, paradoxal ou doentia.
Floresce a pornografia, o cabotinismo, a imitação, a sensaboria, o egoísmo.
Não se trata de uma decadência, uma «idade das trevas» ou o fim da civilização, como tantos apregoam.
É só uma questão de obesidade.
O homem moderno está adiposo no raciocínio, gostos e sentimentos.
O mundo não precisa de reformas, desenvolvimento, progressos. Precisa sobretudo de dieta mental.»
(Por João César das Neves - 26 de Fev 2010)
sábado, 19 de junho de 2010
UM OLHAR ARGENTINO SOBRE SARAMAGO
Com a devida vénia, aí vai a transcrição do trabalho, publicado na Página 12.
Sábado, 19 de junio de 2010
Adiós a José Saramago, leyenda de las letras
Romance del Quijote portugués, el hombre de las mil pasiones
Nació pobre y se formó como cerrajero, pero el joven Saramago intuía que su espíritu sólo se saciaría con algo más, esa formidable obra que significó premios, admiración y sinsabores.
Por Silvina Friera
El Quijote portugués, un “comunista libertario” que fue el único Premio Nobel de Literatura en esa lengua, decía que morir no es ningún acto heroico, sino una cosa de lo más corriente. No había rabia ni dramatismo en ese pensamiento. De un tiempo a esta parte, presentía que no iba a vivir mucho más. Sabía que si la vida es como una vela que va ardiendo, él tenía la certeza íntima de que estaba cerca de ese momento en que lanzaría una llama más fuerte antes de extinguirse. La enfermedad, una leucemia crónica, minaba su salud. Aunque el jueves había pasado una noche tranquila –la trampa que tiende la muerte cuando suelta el corset y proporciona una dosis de alivio–, el viernes después de desayunar comenzó a sentirse mal. José Saramago, uno de los grandes novelistas del siglo XX, murió ayer al mediodía, a los 87 años, en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote), “como consecuencia de un fallo multiorgánico”, según informó el sitio de su Fundación. Que la muerte sea una cosa de lo más corriente no vacuna contra el dolor. En Las pequeñas memorias, Saramago recordaba que cuando su abuelo analfabeto tuvo la corazonada de que ya no habría más futuro fue hasta el huerto de su casa y se despidió de sus árboles, abrazando en esa ceremonia del adiós cada uno de los troncos. Su nieto, tantos años después, se despidió de una forma “serena y plácida” de su familia.
Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en la pobre y rústica aldea portuguesa de Azinhaga (palabra que significa “calle estrecha”), situada a cien kilómetros de Lisboa y en las cercanías del río Tajo. En esa cuna geográfica, con su frontera de agua y de verdes, con sus casas bajas rodeadas del gris plateado de los olivares, se completó la gestación de un niño melancólico, un adolescente desmadejado, tan lleno de dudas como de certezas, contemplativo y frecuentemente triste. José de Souza se hizo más conocido por un error que selló su suerte. El funcionario encargado de registrar sus datos se equivocó y en vez de anotarlo como Souza le estampó el Saramago, el nombre de una planta que crece como yuyo por esas tierras. Aunque a los dos años emigró a Lisboa, nunca rompió sus lazos con el lugar de su nacimiento. Siempre se dejó llevar por el niño que había sido. Si la infancia es uno de los principales patrimonios de un escritor, el autor de Ensayo sobre la ceguera advertía que sin la madera de esa infancia no hubiera sido el que fue. La pobreza de esa familia de campesinos analfabetos, sin tierra ni recursos económicos, abortó la posibilidad de que ese niño enjuto y brillante estudiante terminara sus estudios secundarios. Saramago tuvo que ayudar a la familia y trabajó en una herrería mecánica, donde se formaría como cerrajero, oficio que ejerció durante dos años.
Ese joven que abría literalmente puertas intuía que él también podría abrir la “gran puerta” de su vida. No importaba que fuera más tarde que temprano. Su mayor ilusión era ser escritor. El germen de su destino comenzó en la biblioteca pública, donde el adolescente se lanzaba a la aventura de leer. De día trabajaba, de noche devoraba libros, todos los que podía. Contaba que su familia de espíritu, los escritores que lo marcaron definitivamente, fueron Gogol (“que se reía de todo pero con tristeza”), Montaigne (“que debería ser de lectura obligatoria para todo aquel que pretenda escribir bien”), Cervantes y, sobre todo, Kafka, “ese hombre tan curioso que desde su mediocre cotidianidad de funcionario de Banco produjo una obra de valor incalculable”. Tenía 17 años cuando leyó una frase de esas que nunca se olvidan: “Sabio es el que se contenta con el espectáculo del mundo”. Muchos años después, en 1984, seguía buscando las razones de la magnitud de ese impacto. “Escribiendo El año de la muerte de Ricardo Reis, fruto de la fascinación y el rechazo que esa frase me provocaba, descubrí que yo escribía para responderle a su autor: ‘La sabiduría no podrá ser jamás contentarse con el espectáculo del mundo’. La sabiduría está relacionada con lo opuesto: con atreverse al inconformismo, a la formulación de las preguntas definitivas, a la búsqueda profunda de razones”, recordaba Saramago.
El derecho de un hereje
En 1947 dio el primer paso en ese camino incierto de la escritura y publicó su primera novela, Tierra de pecado, mientras alternaba trabajos como mecánico, editor y periodista de Diario de Noticias, en Lisboa. Por esos años se fue encendiendo una chispa que sería central en su horizonte vital. La llama de la conciencia política fue aumentando poco a poco hasta que lo impulsó, definitivamente, a afiliarse al Partido Comunista Portugués en 1969 y a participar en la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, que puso fin a la dictadura de Salazar. La literatura era como la promesa de un canto futuro que brillaba en la lejanía. Casi veinte años de silencio no es nada, se podría decir parafraseando la letra del tango; tal vez en esos tiempos era válido estar dos décadas sin publicar porque, como afirmó en muchas ocasiones en que recapitulaba ese hiato, no tenía “nada que decir”. La poesía fue la ruta principal que tomó para regresar al centro de esa ilusión que no dejaba de titilar. Entre 1966 y 1975 salieron Poemas posibles, Probablemente alegría y El año de 1993. Calibraría su ego años después, en 2005, cuando se publicó su Poesía completa y aseguró que nunca fue “un poeta genial” ni “un gran poeta”. Tan sólo se consideraba “un buen poeta”. Curiosamente, en los últimos años, el escritor, consciente de la edad, proclamaba que tenía “algo para decir” y no dejaba pasar demasiado tiempo entre novela y novela, como si hubiera una revancha interior contra ese retiro de 19 años.
Así como la precocidad cotiza en la Bolsa literaria, a veces como si fuera un valor autónomo de las circunstancias vitales –es difícil la precocidad cuando lo que abunda es el humus de la pobreza–, la leyenda de Saramago se agigantó por haber sido un escritor de publicación tardía, un Quijote portugués que lucharía contra unos cuantos molinos de viento. En 1977 se editó la novela Manual de pintura y caligrafía, a la que siguieron el libro de cuentos Casi un objeto (1978) y la obra teatral La noche (1979). En estos libros previos al gran reconocimiento están sentadas las bases del mundo que iría construyendo. Esa señora tan esquiva, la fama, lo visitó a partir de Memorial del convento, novela situada en el siglo XVIII que ganó el Premio del Pen Club Portugués, el mismo galardón que volvió a ganar en 1984 con La muerte de Ricardo Reis. Tenía 60 años cuando alcanzó el Olimpo de la celebridad literaria, al que ingresan pocos.
Desde entonces, la fama lo acompañó siempre, a veces tanto que ese hombre de la triste figura, altísimo y delgado como un junco, parecía duplicarse para estar en tantas partes que cualquier otro mortal no resistiría, salvo que apelara a algún truco o intentara clonarse. Esa fama se disparó, se le fue por completo de las manos y lo hirió, cuando en 1991 publicó El Evangelio según Jesucristo. La iglesia lo acusó de “hereje”, el Vaticano no dejó de insultarlo en todas las lenguas posibles. La novela fue objeto de un polémico veto, un año después, cuando se retiró de la lista de candidatas al Premio Literario Europeo. El escritor se había animado a humanizar la figura de Jesús, que perdía la virginidad con María Magdalena y era un títere de Dios para multiplicar y expandir su dominación mundial. Y ardió Troya. El gobierno portugués se sumó a la campaña contra el autor; el libro se prohibió. La censura indignó tanto a Saramago que decidió autoexiliarse en Lanzarote, donde residió hasta su muerte, junto con su esposa, la traductora de sus libros, Pilar del Río. “Para defenderme de los que me llamaron hereje, no tengo más que decir que la palabra ‘herejía’, etimológicamente, quiere decir ‘el que elige otra cosa’, y que todos deberíamos tener ese derecho. Aunque las religiones nunca fueron contemplativas con los que piensan distinto ni han servido nunca para acercar a los hombres los unos a los otros”, reflexionaba tiempo después del escándalo.
Capturar la realidad
1995 fue muy especial. Saramago obtuvo del Premio Camoens al conjunto de su obra y publicó Ensayo sobre la ceguera, primera entrega de su trilogía sobre la identidad del individuo, que continuó con Todos los nombres (1998) y cerró con Ensayo sobre la lucidez (2004), donde plantea la importancia del voto en blanco a la hora de expresar la disconformidad con el poder político. Sin sacar el pie del plato de la izquierda, el escritor fustigó a los partidos de izquierda que, cuando dicen que “se acercan al centro”, en realidad “lo que hacen es acercarse a la derecha”. Alertaba que al mundo “lo dirigen organismos que no son democráticos, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio”. En su país, en España o en sus visitas a la Argentina, invitaba a los ciudadanos a “perder la paciencia” y a hacer algo para intentar cambiar la situación. “Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”, planteaba. Tres años después, en 1998, recibiría el Nobel por haber creado una obra en la que “mediante parábolas sustentadas con imaginación, compasión e ironía, nos permite continuamente captar una realidad fugitiva”. La vida se fuga, es la principal fugitiva. Las ideas, también. Un día se le acabarían. Eso creía y decía. El miedo a que ese agotamiento llegara sin dar señales previas lo conjuraba escribiendo en una carrera contra reloj de la que fueron surgiendo La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Las intermitencias de la muerte (2005), Las pequeñas memorias (2006) y El viaje del elefante (2008). Esa necesidad imperiosa de luchar contra el tiempo se materializó también, en septiembre de 2008, en su blog titulado El cuaderno, “un espacio personal en la página infinita de Internet”, según comentaba el escritor que supo ser una antena ambulante que “capta lo que está en el presente”.
La obsesión de escribir de Dios se prolongaría con su última novela, Caín (2009), una figura bíblica que también humanizó Saramago, a pesar de que el fratricida de Abel goza de muy mala prensa. Quién podía negarle el derecho a meter las manos en la masa de este tópico áspero, caldo de cultivo de sempiternas polémicas. Nadie, o, mejor dicho, los mismos de siempre, los de las sotanas apolilladas. “Quiero hablar de Dios porque es un problema que afecta a toda la humanidad”, argumentaba sin ánimo de provocar. Pero provocando.
El escritor del compromiso y la lucidez explicaba este metejón con Dios repasando su formación. Nunca tuvo educación religiosa, ni en los años que estuvo en el colegio ni en su casa. No transitó por las crisis religiosas de la adolescencia ni cuando arrancó con las preguntas sobre la muerte. “Creo que la muerte es la inventora de Dios. Si fuéramos inmortales, no tendríamos motivo para inventar un Dios. Para qué. Nunca lo conoceríamos”, subrayaba en una entrevista con Juan Cruz. “Ateo es sólo una palabra. En el fondo, estoy empapado de valores cristianos, y es verdad que algunos de estos valores coinciden con valores del humanismo. Los acepto. Ahora bien, todo lo que tiene que ver con la creencia en un Dios superior y eterno, que un día me condenará, me parece una chorrada.” El telón de la novela Caín cae con una discusión, en el umbral de la puerta del Arca de Noé, entre Dios y Caín. Para el escritor es la eterna discusión, sin salida, entre el hombre y Dios. “Ni él nos entiende a nosotros, ni nosotros lo entendemos a él. Son dos entidades que no se han entendido, no se están entendiendo y no se entenderán”, advertía Saramago, autor de obras autobiográficas como Cuadernos de Lanzarote I y II (1997 y 2001). Cuando presentó esta novela en España, agitó una vez más el avispero católico al calificar a la Biblia de “manual de malas costumbres”.
El triunfo de la vida
La chispa que dispara muchas de las ficciones de Saramago parte de una pregunta. El motor de Las intermitencias de la muerte, que narra la historia de una ciudad donde la gente deja de morir, donde el factor muerte desaparece, es qué pasaría si fuéramos eternos. La primera respuesta que se evidencia es que sin la muerte, apuntaba el escritor, mucha gente se arruinaría. Pero va más allá de esa instancia al recordar, entre otras cuestiones, que la idea de la muerte es una de las raíces del poder de la Iglesia. “El problema de la Iglesia es que necesita la muerte para vivir. Sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Las religiones cristianas se alimentan de la muerte. La piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir”, argumentaba. “Por eso los obispos en la novela convocan a una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá.” Saramago dejó un libro inconcluso sobre la industria del armamento que estaba preparando. “No será sobre el Corán, pero será sobre algo tan importante como todos los coranes del mundo: por qué no hay huelgas en la industria del armamento, una huelga en la que los obreros dijeran: ‘No construimos más armas’”, anticipó.
En una de sus últimas visitas a Buenos Aires, el escritor estuvo en una escuela del barrio de Boedo. Los pibes, asombrados, no paraban de preguntarle de todo. “La vida está triunfando todos los días sobre la muerte. Yo no sé cómo terminará la vida de la humanidad, pero el único consuelo que tenemos es que cuando se muera el último ser humano se acabará la muerte”, dijo. “Pero hay una cosa muy clara: no podemos vivir sin la muerte. Hay que aceptarla. Si estamos aquí no es porque haya una predestinación, sino porque hay un gas ligero e inodoro que con tiempo suficiente se convierte en ser humano.” Aunque estaba a años luz de brillar por su sentido del humor –en sus ficciones y en sus declaraciones, si había gracia era por los desprendimientos de su ironía–, se permitió bromear sobre su muerte. “Cuando yo me muera llegará aquí la noticia: ‘Ha muerto Saramago’, y alguno de ustedes dirá: ‘Ah, ese señor, que ha estado aquí, pobrecito’. Pero no pasa nada, yo he hecho unas cuantas cosas que quedaron en mis libros. Lo que cuenta es que vamos a continuar.” La vela ya no arde, pero queda el calor de sus libros.
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sexta-feira, 18 de junho de 2010
sexta-feira, 11 de junho de 2010
LITO, O APANHA OSTRAS
Do outro lado da língua de areia, o Atlântico
O forno de pão em Ngola Mussungo
As ostras de Porto Amboim
Dizem que são afrodisíacas, que contêm fósforo, iodo e zinco. As ostras são manjar de uma vez por ano nos restaurantes caros do mundo. Em Porto Amboim, são o ganha-pão de Lito Bumba e de muitos outros da aldeia de Ngola Mussungo, ali ao lado de Porto Amboim.
Como a mais valiosa das riquezas, as ostras de Porto Amboim estão bem protegidas pela natureza. O acesso é difícil, desconfortável, por caminhos pedregosos e perigosos.
A paisagem em volta é agreste, poeirenta nesta época e, em Ngola Mussungo, a vida flui tranquila sem apertos de trânsito nem aflições de bichas para a gasolina. Ali, a poucos quilómetros da grande cidade, o mundo retoma a sua forma natural e nem a motorizada do agente de trânsito em dia de folga perturba o encanto do lugar. As casas estão espaçadas umas das outras, as crianças correm sem constrangimentos, os animais ignoram olimpicamente, na sua faina de perscrutar a terra, a passagem do carro.
Lito, alcunhado de Bumba pelos amigos, é um jovem de 23 anos de idade. No olhar lê-se-lhe uma paz interior que as gentes da cidade já não sabem o que isso é. A mãe é Josefa Bento.
Onde está o Lito, queremos falar com Lito, perguntávamos às pessoas abrigadas nas sombras. “É pra quê?”, alguns interrogavam. “É prás ostras”, respondíamos. “Eu posso mostrar”, retorquiam. “Não, nós queremos falar com o Lito”.
Naquele lugar, o GPS está dispensado, Lito apareceu como se tivesse ouvido as indagações dos forasteiros que éramos. Ele iria mostrar-nos o caminho para o “paraíso” que, neste caso particular, é a descer. “O Vado vai também”, disse, “ele é filho da minha irmã”.
Inevitável mesmo era não deixar de pensar no gigantesco fosso entre a imagem das ostras servidas com requintes de luxo e preços galácticos nos restaurantes do mundo e aquelas que Lito e seus colegas de trabalho retiram das águas lisas daquela espécie de laguna existente entre as fragas do continente e a língua de praia estendida por quilómetros de extensão.
Numa jangada rudimentar feita de oito envelhecidos troncos de árvore, Lito e Vado atravessam os cerca de 80 metros que separam uma margem da outra. E é do lado de lá, na língua de areia de praia, que se esconde o tesouro. Um tesouro de tal forma natural, que Lito, Vado e todos os outros dali, não suspeitam dos interesses comerciais que desperta.
Dezenas de montes de cascas de ostras, esbranquiçadas pelo sol de muitos anos, testemunham antigas razias sem controlo. Lito só sabe que aquelas ostras trazidas na jangada para venda a particulares ou até mesmo em Luanda, são o sustento da família toda.
Não pensa no valor comercial praticado nas grandes capitais. Não imagina a exclusividade que é para gentes das cidades cosmopolitas, comer seis ostras deitadas em cama de gelo moído. Por vezes vai a Luanda onde estudou, ver amigos e familiares e, vender ostras que apanhou ali no seu recanto. Por norma, não procura os clientes.
Os clientes é que vão à procura do Lito, de Ngola Mussungo. E não pensa mudar de vida, nem mesmo vai a Porto Amboim com frequência. “Talvez nas sextas-feiras”, diz ele, “levar ostras no restaurante ou em casa de pessoas.”
Quando perguntámos por quanto ele vende um saco de ostras apanhadas no seu lugar habitual, Lito, com ar compungido, deu um valor como se estivesse com receio de ser muito elevado, antecipando a negociação que se seguiria. Não revelamos, por pudor e respeito pelo negócio de todos os Litos de Ngola Mussungo, o preço pedido.
Preferimos reservar, a quem estiver interessado, o prazer da descoberta. Não vai encontrar pérolas. Naquele lugar ainda puro, as ostras não sofrem da doença que lhes provoca o crescimento da pérola. Simplesmente porque, ostra feliz, como a de Porto Amboim, não faz pérola.
hs
(texto publicado no jornal OPAÍS, edição nº 83 de 11 de Junho de 2010, página 22, sob o título AS OSTRAS DE PORTO AMBOIM).
Ler em http://www.opais.co.ao/
experiência
terça-feira, 1 de junho de 2010
Cacussos
O "restaurante" da Etelvina (Vina) à beira da estrada.
A Vina é uma ternura de pessoa
Cacussos, Cuca e bússola para não perdermos o norte.
sábado, 29 de maio de 2010
uns dias em Abu Dhabi
By night
Hotel Sheraton
Lado interior da Corniche-do outro lado é o mar
"Baixa" de Abu Dhabi
Jardins do Clube dos Oficiais
Dizem que é a segunda maior mesquita. É de cortar o fôlego pela sua serena beleza.
Interior de um shopping
Eles lá dentro, elas cá fora
Sem comentários
Entrada para o clube dos oficiais
quarta-feira, 26 de maio de 2010
A 1ª vitória

terça-feira, 25 de maio de 2010
Muxima, um lugar mágico
Descalçam-se à entrada e fazem a distância entre a porta e o altar, de joelhos, rezando. Outras, postam-se junto do altar e "conversam" com a imagem da santa. Mostram oferendas, fotos de entes queridos. Falam como se falassem com a mais íntima das amigas. Mas não se ouve o que dizem.
Gosto de ir a Muxima. Ali, respira-se paz, conforto interior, sensação de bem-estar. A igreja é luminosa e arejada, a porta principal e as laterais estão sempre abertas. É um lugar para se estar.
É preciso ir a Muxima uma vez na vida. Mesmo que não se seja praticante. Mas ir depressa porque, qualquer dia, erguem lá um santuário gigantesco, com projecto já aprovado como se quisessem transferir Fátima para ali.
A senhora da Muxima não vai gostar de mudar de casa.
quinta-feira, 29 de abril de 2010
A NOVA ORDEM
Os trabalhos já decorrem há anos mas, agora, com a “globalização” percebe-se melhor e mais rapidamente tudo o que está a acontecer no mundo.
Não consigo aceitar que a crise mundial não tenha sido prevista a tempo de ser evitada, como não consigo perceber que o 11 de Setembro tenha acontecido sem que a super-potência não o tenha previsto que os centros vitais da nação – Pentágono, Torres gémeas, símbolos do capitalismo – iriam ser atacados logo no exacto país dos super poderes electrónicos, dos super-espiões, dos super-contraterroristas, do super-exército, enfim o país mais poderoso de todos.
Custa-me a aceitar que a crise tenha desencadeado todo o caos instalado no mundo sem que os grandes economistas não tenham sabido evitá-la. Os mesmos que agora, cândidamente, vêm explicar as causas e sugerir soluções. Em Portugal, ex-ministros da Economia, sucedem-se em fila diante as televisões para darem razões e explicações da falência do país. FMI, essa sombra negra que domina o mundo, agências de rating, que ordenam a classificação das capacidade de pagamento de dívidas dos países, vão colocando as pressões sobre os mais fracos para, daí, partirem para o seu controlo.
Não sei porque se há-de andar a apupar e a procurar “la petite bête” contra o José Sócrates para o desalojar do poder quando ele, como muitos outros primeiros-ministros, não passam de peões no xadrez da Nova Ordem!
Paulatinamente vai-se caminhando para a destruição das nações, para a desagregação dos povos, para o desaparecimento da família, para o controlo mundial da crença católica. Aquilo que os navegadores fizeram há mais de 500 anos quando andaram a descobrir novos horizontes - dos quais os portugueses foram os mais adiantados – com o fim de “expandirem a fé, de evangelizarem os povos”, continua agora a acontecer com as viagens dos Papas.
Uma religião única seria o ideal para a Nova Ordem; a católica? A islâmica?
A desagregação dos povos e seu domínio não aconteceu somente com o colonialismo inglês, francês, português, holandês, alemão. Está a acontecer com a invasão do Iraque, do Afeganistão. Vai acontecer com a invasão do Irão, do Vietname e de outros países incómodos para os americanos.
O que está a passar-se com a Grécia, Portugal, Espanha, Irlanda, são passos largos para o domínio destes países pela Nova Ordem. Não é preciso que algum exército entre nas suas fronteiras. A invasão está feita por vias mais subtis: esgotar a capacidade de realização económica e financeira. Aquilo que os bancos fazem com as pessoas para tomarem conta dos seus bens, endividando-as até à asfixia financeira, estão as agências internacionais a fazer com os países.
Cada vez mais, a Nova Ordem toma conta da vontade das pessoas, sob a capa da democracia e da liberdade. Cada vez mais os poderosos vão tomando conta dos fracos. A eliminação progressiva da classe média nas sociedades não é mais do que o passo para o controlo das maiorias pobres e endividadas pelos ricos imunes às crises que eles próprios criaram.
Mas alguém é capaz de acreditar que tantos iluminados por esse mundo fora não tiveram capacidade para evitar a tal crise?
hs
segunda-feira, 5 de abril de 2010
Páscoa

O Páscoa
A primeira vez que o vi foi perto da igreja da aldeia. O lugar era simpático, acolhedor. Uma frondosa árvore, dentro de um quintal de uma casa a cair de abandonada. Não lhe prestei muita atenção, pensei que era dali, pensei que até estava bem entregue, aos cuidados das bondosas mulheres que sempre povoam as igrejas das aldeias. Ou, quem sabe, aos carinhos que as crianças da catequese sempre deixam brotar quando distraídas das suas brincadeiras.
Foi uma passagem fugaz aquela que me proporcionou o breve encontro. Homem de cidade, mesmo na tranquilidade do trânsito da aldeia, que é nenhum, e, ainda sob a protecção da sombra da árvore e da igreja, não consegue libertar-se dos seus condicionamentos urbanos. Tem pressa de chegar, ainda que não tenha destino, e deixa de ver o que o rodeia.
A vista acabada de acontecer já tinha sido passada para as traseiras da memória rápida, corria o risco de nunca mais voltar ao cimo das lembranças. A vida é assim mesmo, dizemos nós na cidade. É feita de fugazes momentos. Ou será feita de fugas?
Entre pores de sol e noites de estrelas, passaram os dias, as memórias recentes não subiram à prateleira das lembranças, os contornos do ontem ficavam rapidamente cativos duma actualidade precária.
A igreja e a árvore, nas suas imensidões de tempo passado, eram aqueles marcos que o citadino precisa de usar para abrandar, nem ele sabe bem o quê. Stress, a doença da moda nas grandes cidades? O quintal estava vazio, a igreja fechada, faltava a razão do encontro e mil tormentosos pensamentos me atravessaram a mente. Perturbado pela ausência, achei por bem usar mais um daqueles subterfúgios de urbano e rumar, o mais rápido que o trânsito me deixasse (que era nulo), até à casa no cimo da rua onde, ao fim da tarde, tinha o costume de lavar os olhos naqueles verdes campos a perder de vista.
A recordação do encontro esvaiu-se com o regresso à cidade, perdeu-se nas nuvens do caos urbano. Era o regresso aos insistentes olhares nervosos para o relógio, a procura da segurança nos vidros fechados do carro, o mergulho nos labirintos do instinto de defesa.
Por altura da Páscoa, nova deslocação à aldeia e o cumprimento dos habituais rituais como ir ao café da Teresa tomar a bica de qualquer hora. E o reencontro com a tranquilidade. Há lugares que transpiram sossego e luz, é uma sorte encontrá-los. Lugares onde tudo é, natural onde até os automóveis parecem querer camuflar-se na paisagem. Parece haver uma ordem estabelecida e cumprida para não perturbar a Natureza.
Não sei bem como nem porquê, o meu olhar foi atraído para o portão do quintal. Ele ali estava, silencioso, como a fazer-me recordar a sua existência num súbito estremecimento de quase culpa. Era Páscoa, a alma estava mais aberta, mais receptiva a ajudar.
Agitei-me com a presença inesperada, fervilhavam-me pensamentos desencontrados sobre o que fazer. Ocorreu-me oferecer-lhe comida que ele, com alguma desconfiança de ser da rua, aceitou com parcimónia.
As visitas repetiram-se, vinha lá de baixo, postava-se em frente ao portão, aceitava a comida e voltava não sei para onde. Instalou-se em mim a ansiedade de o ver todos os dias. Estaria bem, precisaria de alguma coisa para além daquilo que lhe deixava à vista como anzol para apanhar a sua confiança?
Da prudência ao hábito diário ele pareceu entender que era ali que tinha encontrado um porto seguro onde se sentia protegido e até… acarinhado. Montou residência, inverteu o sentido das suas andanças. Nunca mais de lá saiu, o Páscoa.
*
segunda-feira, 29 de março de 2010
Não prestam.
Quando aparece alguém com outro tipo de discurso, como Fernando Nobre, dá a impressão de que acabou de chegar de outro mundo e ainda não viu em que país caiu.
Dissecar a inutilidade "dessa gente" levaria muitos posts, acho que não vale a pena. As pessoas de bem sabem em quem estou a pensar.
É que não deixa de ser preocupante notar que instituições que deveriam ser credíveis em todos os momentos, passaram ao discurso do "aos costumes disse nada". Olhem para alguns dirigentes sindicalistas, como o presidente da UGT que, quando abre a boca, é para dizer as maiores vacuidades, do alto da sua bem instalada cadeira de chefe de coisa nenhuma. Até mesmo o outro dito da esquerda, da CGTP, um homem credível que já perdeu o fulgor da luta e e a força do argumento. Olhem para aquele Presidente da República, vestido de fato e gravata para plantar uma árvore e para ir apanhar lixo ao domingo, quando não arranja uma importante visita de Estado...a Andorra!. Mas, quem é que "essa gente" julga que engana?
E, aqueles senhores muito sérios que agora aparecem na televisão a "deitar tudo abaixo", com o senhor Medina Carreira à frente? Especialistas em diagnósticos, incapazes de "operar" é o que são.
Estavam à espera, meus caros leitores, de me atirar ao Sócrates e de o meter no meio "desta gente"? Não vou nessa, amigos. Já há bastante "gentinha" a fazer campanha negra contra o homem, gente que não percebeu, não quer perceber que o primeiro-ministro de um país devedor da UE (União Europeia) não é mais do que um capataz que obedece às ordens o patrão. Essa coisa do PEC, de estabilidade tem zero, nós é que vamos ficar ainda mais instáveis. Essa gente não presta.
É preciso mudar o paradigma do país, ou, o país mudar o seu paradigma porque, "aquela gente", sentada nas duzentas e tal cadeiras do poder, "não presta".
Os partidos ou o sistema que os tornou imprescindíveis, está morto, esgotado, viciado.
Esta democracia precisa de ser revista, mudada, refrescada para voltar a ser DEMOS CRACIA.
Deixo-vos, meus leitores, com José Régio:
Soneto quase inédito escrito em 1969
Em memória de Aurélio Cunha Bengala
Surge Janeiro frio e pardacento,
Descem da serra os lobos ao povoado;
Assentam-se os fantoches em São Bento
E o Decreto da fome é publicado.
Edita-se a novela do Orçamento;
Cresce a miséria ao povo amordaçado;
Mas os biltres do novo parlamento
Usufruem seis contos de ordenado.
E enquanto à fome o povo se estiola,
Certo santo pupilo de Loyola,
Mistura de judeu e de vilão,
Também faz o pequeno "sacrifício"
De trinta contos - só! - por seu ofício
Receber, a bem dele... e da nação.
sexta-feira, 19 de março de 2010
Um lugar, uma visão
À espera do pai
Pela estrada encarnada desfilam árvores e pessoas numa quase dança coreografada pelo ritmo do sol. Ali não são as horas a marcarem a vida, a única pressa visível é fazer parar o tempo e simplificar os problemas.
Como figuras de um quadro, as pessoas movimentam-se numa paisagem deslumbrante de verde. É aquele sítio mágico que nos transporta à força de uma Natureza pródiga e amiga à espera de ser devidamente aproveitada.
E se, em tempos, ali floresceu o cheiro dos cafeeiros, agora é a banana, a mandioca e o dendem que juntam as suas forças no sustento da sobrevivência de famílias à beira da estrada, onde, nem mesmo o pesado pó levantado por uma ou outra camioneta apressada no seu destino, as demove dos lugares cativos.
Que força dirige um povo onde a escola desaparece todos os anos com as chuvas e onde, todos os anos, é levantada numa teimosia de quem espera o dia em que alguém chegue ao lugar com uma carrada de cimento e uns tijolos capazes de segurarem a escola contra os seus devaneios libertários, embora a contragosto.
O soba Adriano Chico, 60 anos de sabedoria, dá voz ao sentimento: “Precisamos de tudo, nós cá não temos escola, não temos água, precisamos de uma creche, a escola é provisória e é levada pela chuva e pelo vento, todos os anos recomeça.” Na sua casa reune os notáveis do lugar, os representantes das 700 almas registadas. Havia notícia de pessoas de fora quererem ajudar mas a prudência assente em experiências anteriores obriga a ouvir todos e, a sabedoria conduz a uma paciente espera.
Em tempos recuados promessas foram feitas sem o devido cumprimento e, o soba Adriano Chico não tem pressa de voltar a ser enganado, não que as intenções não fossem boas, só que, ao não acontecer nada que viesse mudar o que quer que fosse, o mais velho já só acredita no que vê: “Queremos um pai que nos dá a promessa, não queremos que seja o padrasto a vir dar”
Quando a força das palavras é tanta que nem corrente, torna-se difícil entender a razão pela qual a acção fica a montante. Como é que pode faltar água num sítio onde um rio desdobra o seu manto luzidio, o Loma, e uma nascente só espera por transportes que a animem?
A corrente é outra e tem de ser vencida na dolorosa via da burocracia dos gabinetes enquanto, na sua infinita paciência, o soba Adriano espera a preferência da chegada do pai com a promessa, em vez d a vinda de mais um qualquer padrasto.
E assim vai deixando correr o tempo, com uma escola teimosamente sobrevivente, num lugar onde o paraíso mora ao lado à espera de alguém que lhe abra aporta.
Hélder de Sousa
(texto escrito em 2008, alusivo a uma ida ao interior do norte angolano, a um lugar chamado Kipungo (Quipungo), para os lados de Quibaxi, Pango Aluquém, enfim, algures por aí )
sábado, 20 de fevereiro de 2010
A CANDIDATURA

O Dr. Fernando Nobre anunciou a sua candidatura à Presidência da República portuguesa. Uma candidatura livre de homem livre, uma candidatura despoluída de odores partidários, uma "pedrada no charco" do "deixa andar" nacional. Fernando Nobre tem corrido o mundo a ajudar outros, a salvar vidas. A sua mais recente missão foi no Haiti. Impaciente, insatisfeito, como que tendo recebido uma chamada, apronta-se para mais uma grande corrida, talvez a mais dificil da sua vida.
A seguir, o manifesto da sua candidatura, publicado no seu blog "Contra a Indiferença" (fernandonobre.blogs.sapo.pt) .
Decidi escrever estas linhas, no sentido de vos comunicar pessoalmente uma decisão de fundo que tomei enquanto cidadão independente e em nome dum imperativo moral e de consciência para Portugal, uma vez que tenho, por quem acompanha este blog, a maior consideração e respeito.
Resolvi assumir um compromisso com o meu país, Portugal. Serei candidato independente, apartidário e em nome da cidadania, a Presidente da República, nas próximas eleições de 2011.
Esta é uma decisão estritamente pessoal, enquanto cidadão que sou. Muito tenho escrito e dito sobre o dever de todos nós exercermos a nossa cidadania de uma forma activa e corajosa. Sinto que o País atravessa um período em que constantemente se põem em causa os valores e as pessoas, as promessas e os projectos. E sei a gravidade que essa atitude generalizada tem no futuro de todos nós. Acredito em Portugal! Acredito nos portugueses e nas suas capacidades. Somos, no mínimo, tão bons como qualquer outro povo do Mundo. E é isso que pretendo provar, candidatando-me a um lugar no qual penso poder fazer a diferença e dar o exemplo.
Informo por outro lado que a AMI, enquanto instituição absoluta e rigorosamente apolítica, não se imiscuirá neste assunto, estando completamente à margem deste processo.
Sou e serei sempre um ser livre. Rejo-me e reger-me-ei sempre por valores em que acredito e não por qualquer outro tipo de ambição. E neste momento acredito poder vir a ser mais útil num outro contexto.
domingo, 14 de fevereiro de 2010
Deu-me vontade de rir, de ver o cê bazar - por Manuel Rui
Não é preciso ir atrás dos motores de busca da net para se saber quem é Manuel Rui.
Daí que passo de imediato ao assunto que me trás aqui.
Manuel Rui arrisca-se a ter sido o primeiro escritor angolano de reconhecido valor, a interessar-se pelo novo acordo ortográfico da língua portuguesa, assinado e aceite por todos os componentes dos países luso-falantes, a começar pelo Brasil que já o está a aplicar.
Quem usa a escrita como forma de levar o prato à mesa, comos os escritores e os jornalistas, não pode assobiar para o lado quando se fala do acordo ortográfico. É ortográfico, note-se bem. Não vai mudar nada o linguajar de cada um dos falantes do português, do Brasil a Moçambique. É para se escrever mais simples. É para se aproximar a escrita do som. Nada de muito esquisito.
Como todas as mudanças, esta também provoca algumas hesitações, desconfianças até, algumas resistências. Sim, temos até 2012 para nos habituarmos à nova grafia. Não sei o que é as escolas do mundo falante em língua portuguesa já começaram – ou não – a fazer, no sentido de irem habituando os alunos à nova ortografia.
Sei é que um escritor de referência como é Manuel Rui, já deu o primeiro passo com o seu interessante quanto útil livrinho “O Semba da nova ortografia”, recentemente publicado em Luanda.
Semba é um tipo de ritmo muito angolano e o escritor imprime bem esse ritmo alegre nas suas versações sobre as mudanças que o português escrito vai sofrer.
Não resisti a partilhar um pouquinho daquilo que M. Rui deixou nas páginas do livrinho. Um sabor doce de intelectualidade com descontracção (aiiii, aquele c maroto vai ter de cair !!!!), a pensar nos que o vão ler.
Aí vão duas ou três páginas para se divertirem com o linguajar simples e pedagógico do escritor.
sexta-feira, 12 de fevereiro de 2010
homosexualidade

Vítor de Sousa assume homossexualidade
O actor de 63 anos assume-se no livro «3º Sexo», onde revela os tormentos que teve que ultrapassar na sua vida
Não tenho preconceitos sobre a chamada "orientação sexual" das pessoas. Cada uma "orienta-se" como melhor entender e ninguém tem nada com isso.
Custa-me a perceber a razão pela qual algumas pessoas, a certa altura das suas vidas, sintam necessidade de afirmarem a tal "orientaão" - norte? sul? leste? oeste? - mas o que é que isso pode interessar?
No caso do Vitor de Sousa, tudo o que me interessa é saber que ele é um excelente actor, uma pessoa extraordinária, e que me dê ainda por muitos e felizes anos muitas das suas extraordinárias interpretações. Mas que raio me pode interessar com quem ele dorme? Não tenho nada com isso e, mais, ninguém tem nada com isso. Esta doentia mania das pessoas gostarem de olhar pelo buraco da fechadura das outras adultera toda e qualquer forma de convivência normal e natural.
Mas, também me custa a entender porque é que as pessoas sentem necessidade de manifestarem a tal "orientação sexual". Para mim, isso não é mais do que uma sujeição a canônes estabelecidos pela sociedade, pela Igreja, por grupos de influência, por marialvas machistas e outros. Mas, porque é que os "gays" sentem necessidade de se afirmaem como tal? Por serem indescriminados? Por serem considerados um grupo socialmente reprovavel?
Mas o que é que a gente, nós, temos a ver com quem dorme com quem?
domingo, 7 de fevereiro de 2010
Invictus
Vale a pena ir ver o filme e retirar dele todas as belas mensagens. Não é só o poema de WEH, que Nelson Mandela lia na cela nº 46664 para ganhar forças contra o apartheid, mas também, pela lição de humanismo e visão política dada pelo grande estadista africano. Mandela segurou as pontas de um país dilacerado pelo "desenvolvimento separado" que era o nome que o regime de então dava ao apartheid e viu que, através do desporto, de uma modalidade que era somente praticada por brancos, o rugby, podia ser o grande elemento catalizador da nova África do Sul .Vale a pena ir ver o filme, as magníficas interpretações de Morgan Freeman e de Matt Damon numa realização sem falhas de Clint Eastwood.
(William Ernest Henley)tradução de André Masini
Do fundo desta noite que persiste
A me envolver em breu - eterno e espesso,
A qualquer deus - se algum acaso existe,
Por mi’alma insubjugável agradeço.
Nas garras do destino e seus estragos,
Sob os golpes que o acaso atira e acerta,
Nunca me lamentei - e ainda trago
Minha cabeça - embora em sangue - ereta.
Além deste oceano de lamúria,
Somente o Horror das trevas se divisa;
Porém o tempo, a consumir-se em fúria,
Não me amedronta, nem me martiriza.
Por ser estreita a senda - eu não declino,
Nem por pesada a mão que o mundo espalma;
Eu sou dono e senhor de meu destino;
Eu sou o comandante de minha alma.
quinta-feira, 28 de janeiro de 2010
quarta-feira, 20 de janeiro de 2010
a boiada

O meu antigo colega na RTP, que acabou por se formar em direito, o José Teles, deu-me a conhecer o seu blog "A boiada" .....http://aboiada.blogspot.com....
Não sabia dele há uns bons vinte e tal anos....eis que a feiticeira da net me coloca em contacto com ele, ou melhor, dele comigo.....
e eu até gosto destas cenas internéticas....recuperar amigos, colegas, conhecidos de coisas comuns, à velocidade de um click, é do melhor que que o Bill Gates me poderia dar....e, como não sou esquisito, até agradeço...
agradeço estar aqui pronto e disponível para "recuperar" antigas amizades e conhecimentos que, na melhor das hipóteses, não passariam de um breve apontamento num dos meus cadernos....
é comum dizer-se que "quem tem amigos tem tudo, quem não os tem não tem nada".
A vida, essa amiga que nos possui a cada inspiração, ensinou-me que, de facto, os amigos fazem parte da nossa vivência e nos preenchem vazios passageiros.
Vinte e tal anos depois, o José Teles contacta-me para um determinado assunto. Acho "isto" simplesmente admiravel. E empolgo-me.
Vão até lá...até ao blog do José Teles....

